Duerme, flor
de mi vida,
duerme
tranquilo,
que es del
dolor el sueño
tu único
asilo.
Duerme, mi
pobre niño,
goza sin
duelo
lo que te da
la Muerte
como
consuelo.
Como consuelo
y prenda
de su cariño,
de que te
quiere mucho,
mi pobre
niño.
Pronto vendrá
con ansia
de recojerte
la que te
quiere tanto,
la dulce
Muerte.
Dormirás en
sus brazos
el sueño
eterno,
y para ti, mi
niño,
no habrá ya
invierno.
No habrá
invierno ni nieve,
mi flor
tronchada;
te cantará en
silencio
dulce tonada.
¡Oh, qué
triste sonrisa
riza tu
boca!...
Tu corazón
acaso
su mano toca.
¡Oh, qué
sonrisa triste
tu boca riza!
¿Qué es lo
que en sueños dices
a tu nodriza?
A tu nodriza
eterna
siempre
piadosa,
la Tierra en
que en paz santa
todo reposa.
Cuando el sol
se levante,
mi pobre
estrella,
derretida del
alba
te irás con
ella.
Morirás con
la aurora,
flor de la
muerte;
te rechaza la
vida,
¡qué hermosa
suerte!
El sueño que
no acaba
duerme
tranquilo,
que es del
dolor la muerte
tu único
asilo.
Poesía
completa
Miguel de Unamuno
1. Comenta el "sentido filosófico" del poema.
HAMLET
Acto V, Escena
primera.
[En un cementerio]
ALDEANO PRIMERO. [Canta]
Pero la vejez furtiva
me
ha sujetado en su trampa,
embarcándome
a la tierra
como
si no fuera nada.
HAMLET. Esa
calavera tenía una lengua dentro, y podía cantar en otro tiempo: ¡cómo la tira
por tierra ese bribón, como si fuera la quijada de Caín, el que hizo el primer
crímen! Podría ser la mollera de un político la que este burro ahora recoge:
uno que era capaz de enredar a Dios, ¿no es verdad?
HORACIO. Sí que podría ser, señor.
HAMLET. O de un cortesano, que sabía decir “Buenos
días, mi dulce señor: ¿cómo estáis, buen señor?”. Éste podría ser el señor
Fulano de Tal, que alababa el caballo del señor Mengano de Cual cuando quería
pedírselo prestado; ¿no es verdad?
HORACIO. Eso es, señor.
HAMLET. Pues sí, y ahora que es Don Gusano, sin
quijada, y golpeado en la nuca por la azada de un sepulturero; ésta sí que es
buena revolución, si tuviéramos la gracia de verla. Estos huesos ¿tan poco han
costado de criar que sólo sirven para jugar a los bolos con ellos? A los míos
les da dolor pensarlo.
ALDEANO PRIMERO.
[Canta]
Una piqueta, una azada
y una mortaja de entierro:
ábrase un poco de arcilla
para huésped tan selecto. [Tira otra calavera]
HAMLET. Ahí
va otra: ¿por qué no podría ser la calavera de un abogado? ¿Dónde están ahora
sus sutilezas, sus argucias y sus casuísmos, sus títulos y sus trucos? ¿Por qué
consiente que ese rudo villano le pegue en la coronilla con una pala sucia sin
armarle pleito por agresión? ¡Hum! Ese tipo pudo ser en sus tiempos un gran
comprador de tierras, con sus estatutos, sus resguardos, sus términos, sus
garantías dobles y sus cobranzas: ¿el término de sus términos y la cobranza de
sus cobranzas es tener su terminada morada llena de interminable barro? ¿Sus
garantías, aun siendo dobles, no le garantizan, de todas sus adquisiciones, más
que el largo y el ancho de un par de pergaminos? En esta caja, difícilmente
cabrían ni los títulos de propiedad de sus tierras, ¿y no va a tener más el
propietario en persona, eh?
FRANCISCO DE QUEVEDO
Poemas
metafísicos.
2
REPRESÉNTASE LA BREVEDAD DE LO QUE
SE VIVE Y CUÁN NADA PARECE LO QUE SE VIVIÓ.
“¡Ah de la
vida!”... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder
saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huído!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer
se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin para un punto:
soy un fue, y un será y es cansado.
En
el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
3. Comenta el "sentido filosófico" del poema.
